Santo Domingo, Rep. Dom. — Han pasado cinco meses desde que la tragedia enlutó al país. La noche del 8 de abril, el techo de la discoteca Jet Set colapsó, cobrando la vida de 256 personas y dejando a 180 heridas. Un evento que marcó la historia reciente de la nación, y cuyo dolor sigue latente en las familias de las víctimas.
Hoy, la voz de Ana Beatriz, hija menor del renombrado artista Rubby Pérez, resuena en las redes sociales. El cantante, quien animaba la fiesta esa noche, fue una de las 256 víctimas fatales. A través de sus perfiles digitales, Ana Beatriz ha expresado el inmenso vacío que ha dejado la ausencia de su padre y la frustración ante la lentitud del proceso judicial.
“Otro mes más sin ti. Los días pasando y sin ti. Siempre serán sin ti”, escribió con un dolor palpable. Su mensaje, un reflejo del sentir de cientos de familiares, también clama por respuestas y justicia. “Y en esta tierra solo esperamos las respuestas de Dios. Mientras tanto te extraño con el alma Paaa”, compartió, evidenciando la fe y la esperanza que se aferran en medio de la incertidumbre.
Un Caso en Suspenso y una Comunidad que Exige Respuestas
El caso, que involucra a los hermanos Espaillat, dueños del lugar, sigue en espera de una resolución. La falta de avances concretos ha generado un sentimiento de impotencia entre las familias y sobrevivientes, quienes han convertido la exigencia de justicia en una lucha colectiva.
Hoy, para conmemorar el trágico aniversario, se ha convocado a un oficio religioso en el lugar donde alguna vez funcionó la emblemática discoteca. Este encuentro no es solo un espacio de consuelo y memoria para los deudos, sino también un punto de encuentro para aquellos que buscan respuestas sobre las causas del colapso y las responsabilidades detrás de la catástrofe.
Familiares y sobrevivientes han reiterado que, aunque la oración brinda consuelo, no sustituye la necesidad de un proceso transparente que determine las responsabilidades de los implicados. Mientras tanto, la comunidad dominicana se une en el dolor de las familias, esperando que la justicia, que ha tardado cinco meses en llegar, finalmente prevalezca.
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