Un dramático episodio tuvo lugar anoche en la ciudad de Arroyo Seco, en Santa Fe. La denuncia la realizó una mujer de 32 años que, al volver a su casa, encontró a su hijo de cinco años asesinado. Solo había en la escena otra persona además de ellos: una adolescente de 13, hermanastra de la víctima.
El crimen ocurrió en las últimas horas en la vivienda ubicada sobre la calle María Garagham al 1300, del barrio Santa Rita. En shock, la denunciante explicó que había salido unos minutos dejando a sus dos hijos solos y cuando regresó se topó con el más chico, en medio de un charco de sangre.
De acuerdo a las primeras versiones publicadas por los medios locales, al momento del hecho tampoco se encontraba el padre de los menores, que es empleado municipal y a esa hora estaba trabajando. La madre fue la primera en volver a la casa y, en medio de una crisis de nervios, tuvo que ser contenida por los vecinos.
Benjamín, de cinco años, estaba muerto cuando llegó su mamá. A simple vista, lo habían apuñalado varias veces y la principal sospechosa del ataque es su hermanastra de 13 que fue trasladada al Hospital de Niños Víctor J. Vilela de Rosario.
La causa fue caratulada como “homicidio” y quedó a cargo del juez Estanislao Surraco, del Juzgado de Menores N°2, quien ordenó el “secuestro de la ropa de víctima y de la imputada”, entre otras medidas.
A su vez, el magistrado dio la orden de que no se den a conocer detalles del hecho ni de la adolescente, única sospechosa, que por su edad es no punible.
Los primeros detalles que surgen del expediente señalan que la adolescente sufrió una “crisis impulsiva” vinculada con un posible trastorno en su salud mental. Es la única hipótesis de un crimen horroroso y absurdo.
“Jamás imaginé que mi hija podría hacer algo así. Busqué ayuda de todas las maneras. La llevé a psicólogos, psiquiatras, neurólogos”, cuenta la mamá, de 32 años, en diálogo con TN. “Las consultas duraban 5 o 10 minutos. Así como íbamos, nos volvíamos. La hacían mirar para arriba y para abajo. Le pedían que levantara el pie. ‘Yo la veo normal’, me decían. Pero en mi casa yo veía cosas en ella que no eran normales”.
C. -se resguarda su identidad por ser menor- estaba en tratamiento, aunque no tomaba medicación. Todos los miércoles, Roxana la llevaba a una psicóloga del Hospital N° 50. Los pedidos de ayuda de la mamá ya tenían un historial: la mujer asegura que insistió cuatro meses por un turno para su hija en el gabinete psiquiátrico de Acción Social, y que se lo dieron recién cuando decidió hacer público el caso en los medios locales.
“Además del inmenso dolor que siento, me pregunto por qué los especialistas no pudieron hacer más. Esto se podría haber evitado. Me decían que no podían medicar a mi hija porque no veían nada extraño, pero para mí todo era extraño”, describe Roxana. Y sigue: “La revisaban dos minutos, nos volvíamos a casa y ella muchas veces tenía la mirada perdida. Le hablaba y no me contestaba. Se enojaba y no entendía por qué. Todo el año así”, describe Roxana.
“Me daba cuenta de que no podía ayudar a mi hija”
C. ya había sido noticia en Arroyo Seco el 16 de junio de este año, cuando se ausentó de su hogar y fue encontrada por la noche en una iglesia, luego de que la Guardia Urbana Municipal activara la búsqueda. Allí, una vez más, su mamá volvió a pedir ayuda.
Las docentes y preceptoras de la Escuela Comercial, donde asistía la adolescente, le comentaban a Roxana que su hija se distraía con facilidad. “Lo peor eran las veces que no quería entrar a clases. Entonces yo tenía que ir, acompañarla y convencerla. Ahí también notaba algo raro en ella, pero no sabía cómo manejarlo. Quería estar siempre a su lado, acompañarla todo el tiempo, pero me daba cuenta de que yo tampoco podía ayudarla”, relata.
La adolescente y su hermanito nunca se quedaban solos en casa. Si Roxana tenía que salir, el papá del nene -C. era fruto de una pareja anterior de la mujer- se encargaba de cuidarlos. El lunes pasado, sin embargo, esa rutina se vio interrumpida. El hombre fue convocado para su trabajo como inspector de tránsito y Roxana asistió a una clase: impulsada por el deseo de darles un futuro mejor a sus hijos, había decidido terminar el secundario en una escuela para adultos.
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